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Fátima Muriel de Florez

Fátima Muriel nació el 21 de Mayo de 1950 en Puerto Limón (Mocoa), departamento del Putumayo. Es la octava hija de 12 hermanos/as de un matrimonio entre un español con una mujer indígena. Es madre de cuatro hijas.

Es docente de profesión con especialización en educación y gestión cultural, y magíster en Género y Estudios de las Mujeres por la Universidad de Granada (España). Su cargo como  supervisora de educación durante 40 años le permitió viajar  por todo el departamento, conociendo las zonas más remotas y aisladas del desarrollo económico-social y la sistemática violación a los derechos humanos, en particular de las mujeres, niñas y niños. Acompañó y apoyó a los docentes de las comunidades rurales víctimas del conflicto armado, se enfrentó a las FARC para frenar el reclutamiento forzado de niños y niñas para la guerra,  acompañó a las madres en la búsqueda de sus hijos y esposos desaparecidos por los grupos paramilitares, y presenció asesinatos de docentes y líderes juzgados como informantes. Fátima fue víctima directa del conflicto con el asesinato de su hermano mayor y menor en diferentes hechos de violencia, y con el atentado y secuestro de su esposo por las FARC, hecho que les obligó al desplazamiento forzado y al abandono de sus tierras y propiedades.  A partir de 2005,  inició junto con otras lideresas la construcción de la Alianza de Organizaciones de Mujeres “Tejedoras de Vida” del Putumayo, asumiendo la presidencia desde este mismo año.

 

CONSTRUCTORA DE PAZ – TEJEDORAS DE VIDA.

 Los habitantes del Putumayo vivieron “todas las guerras” desatadas en el país durante los años 1990 a 2010: el Plan Colombia, la ofensiva y dominio territorial de las FARC, las masacres y desapariciones de grupos paramilitares y las violaciones a los derechos humanos de miembros de la Fuerza Pública: “aquí se vivía una guerra por el aire y otra por tierra”. Una guerra donde las mujeres se llevaron la peor parte. En lugares como El Placer y El Tigre, cientos de mujeres fueron sometidas a la esclavitud sexual, laboral, la prostitución forzada y de actividades domésticas, otras fueron violadas, asesinadas y desaparecidas. Como víctimas y sobrevivientes asumieron la carga familiar y la supervivencia diaria causada por el desplazamiento o el hambre de las fumigaciones. Pero al mismo tiempo, resistieron y defendieron la vida en múltiples formas. 

 Hablar  con las mujeres campesinas en medio de la desolación y ver su capacidad de resiliencia, la comprometió en la defensa de los derechos de la mujer, convencida de que aún en las condiciones más adversas, ellas reconstruyen el tejido social.

  

Es así como la Alianza de Mujeres Tejedoras de Vida nació como respuesta a la guerra y la crisis humanitaria desatada en este departamento. A partir del 2005, un grupo de lideresas se unieron para sostener y luchar por la defensa de la vida y del territorio. Desde entonces, se llaman a sí mismas “Tejedoras de Vida”, porque conectar, encontrar y empoderar a las mujeres y sus organizaciones es su razón de ser. Su trabajo se ha focalizado en tres ejes:
(1) Mujer, Derechos humanos y Construcción de Paz
(2) Mujer, Historia y Participación política
(3) Mujer y Desarrollo, Empoderamiento Social y Económico.
Actualmente, la Alianza está conformada por 65 organizaciones de mujeres y sus lideresas, productivas, artesanas, defensoras del medio ambiente, campesinas, indígenas y afros de los 13 municipios. Su trabajo en pro de la defensa de los derechos de las mujeres en la región las hizo merecedoras del Premio Antonio Nariño a los Derechos Humanos en 2011 de la Embajada de Francia y Alemania en Colombia. Posteriormente, la Alianza logró en un ejercicio participativo sin precedentes la aprobación de la primera política pública de la mujer y equidad de género del departamento (2017). Las Tejedoras de Vida son un referente de liderazgo en la lucha contra todas las violencias de género y la promoción activa de la participación de la mujer en la implementación de los acuerdos de paz. Se resalta su rol en el proceso de reconstrucción de la memoria histórica de las mujeres víctimas del conflicto armado, sus nombres son recordados a través de la iniciativa de los ‘Murales de la Verdad’. El tercero de ellos -y el más grande del país- fue inaugurado en febrero de 2018 en Puerto Asís. El mural representa cinco rostros de mujeres que muestran el proceso de resiliencia de víctimas a lideresas, en un proceso que duró más de tres años y 80.000 tapas recicladas. Esta es la fuerza femenina que sostiene el departamento.  

 * El contenido de este artículo se encuentra bajo una licencia libre CC-By-Sa 4.0 (Creative Commons Compartir-Igual 4.0)

 

 

 

Última actualización 06 mar. 2018, 16.39