Voces desde el territorio: las historias que deja el primer año del proyecto de prevención de violencias basadas en género

Septiembre de 2020 marca un año desde la firma del convenio de cooperación entre la Embajada de Suecia en Colombia y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) que dio inicio a la “Implementación de planes de prevención de violencia basada en género y promoción de la autonomía de mujeres en proceso de reincorporación a la vida civil (Fase II)”. En esta fase el enfoque está dirigido a la creación, fortalecimiento e implementación de planes de prevención de violencia basada de género en cinco Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR) y tres Nuevos Puntos de Reagrupamiento (NPR) priorizados en Antioquia, Caquetá, Cauca, Cesar, Meta, Norte de Santander, Putumayo y Risaralda.

El proyecto tiene como objetivo contribuir a la reincorporación integral de las mujeres excombatientes en tránsito a la vida civil y fortalecer el enfoque de género en la implementación del Acuerdo de Paz. La innovación, el trabajo en masculinidades, el enfoque comunitario y la sostenibilidad ambiental han caracterizado la implementación del convenio de cooperación en este primer año.

Estas son algunas de las historias del primer año de trabajo del proyecto:

Historia 1 OIM SUECIA - El poder de las palabras paz

El poder de las palabras

Para poner a volar la imaginación, los niños y niñas del ETCR Héctor Ramírez en la vereda Agua Bonita II de La Montañita, Caquetá, solo necesitaron de una página de cuaderno, un lápiz, algunos colores y una pregunta: ¿cómo prevenir la violencia en contra de niños y niñas?

Esta fue la temática del Primer Concurso de Cuento Infantil del Poblado, un espacio que se realizó en el marco del proyecto “Implementación de planes de prevención de violencia basada en género y promoción de la autonomía de mujeres en proceso de reincorporación”. Participaron diez niños y niñas entre los 6 y 12 años, quienes desde enero han venido asistiendo a los diferentes espacios que les han permitido conocer los conceptos básicos sobre la violencia contra las mujeres y los diferentes tipos existentes y algunas herramientas para prevenirla.

Durante los 15 días que tuvieron las(os) participantes para entregar el cuento, sus familias se preguntaban si sería fácil para ellos(as) escribir sobre este tema y, mientras los veían esforzarse por ganar el concurso, el proceso de escritura se fue convirtiendo en un trabajo colectivo:

  • Yurluey, ¿violencia es con v de vaca o con b de burro? -, preguntó Jeisson Andrés, uno de los participantes y vecino de Yurluey.
  • Con v de vaca, respondió́ Yurluey-, y aprovechó para explicarle que el cuerpo de los niños y de las niñas nadie lo puede tocar.

Madres, padres y cuidadoras(es) de quienes participaron no dudaron en involucrarse y ayudarles para que sus relatos fueran los mejores. Entre las letras y dibujos que ilustraban su cuento, la emoción y aprendizaje de este concurso se convirtió́ en un tema familiar y comunitario.

El resultado: diez cuentos que expresan el sentir más tierno y las soluciones más prácticas para acabar la violencia contra los niños y niñas. Con mensajes como “que nos les peguen más y los entiendan”, “que nos dejen salir a jugar y a divertirnos con nuestros amiguitos”, “que nos crean cuando decimos que alguien nos está haciendo daño”, “que me sienta muy bien viviendo con los excombatientes en el Poblado Héctor Ramírez”, las palabras y los dibujos permitieron conocer de primera mano los conceptos que las niñas y niños que habitan del ETCR tienen sobre la paz y sobre las mejores maneras para eliminar la violencia en su comunidad.

La violencia física, la sexual y el abandono, fueron los tipos de violencia más comunes en los relatos y, aún cuando todavía queda un largo camino por recorrer, este ejercicio evidenció que, a través del trabajo preventivo para construir masculinidades responsables y afectivas, para desnaturalizar la violencia y reconocer las formas de violencia basada en género desde temprana edad, se están construyendo las bases de una nueva sociedad libre de violencias.

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Las mujeres se toman la cancha

En el ETCR Heiler Mosquera, ubicado en la vereda La Carmelita en Puerto Asís, Putumayo, el fútbol se convirtió́ en la mejor estrategia para empoderar a las mujeres y fortalecer los lazos entre la comunidad. El torneo de microfútbol femenino Juguemos Sano por la Autonomía de las Mujeres, fue el mejor escenario.

Esta estrategia buscó que las mujeres en proceso de reincorporación a la vida civil y sus familias, así́ como mujeres de las comunidades cercanas, aprendieran a identificar y prevenir la violencia basada en género, salieran de las rutinas del cuidado que viven en sus hogares y, porqué no, lograran seguir apropiándose de espacios públicos que típicamente son más frecuentados por los hombres, como la cancha de fútbol.

En medio del torneo las mujeres, en colectivo, resistieron ante la intención de algunos hombres de ocupar la cancha. “Nos estuvimos ahí́ de pie, con el uniforme puesto. Y nos tocó negociar con los hombres porque ellos querían tener un partido inmediatamente, sin importar que era un día exclusivamente de las mujeres”, recuerda Paula, promotora del proyecto, quien además agrega que “a veces es necesario negociar, ponerse serias y, después de eso, en medio de la recocha del juego, relajarse y disfrutar”.

El resultado: se realizaron un total de tres jornadas deportivas y de reflexión sobre la VBG, 13 partidos de microfútbol, en los que no sólo quedó claro para los hombres que las mujeres tienen tanto derecho a ocupar el espacio público como ellos, sino que un balón se transformó en el motivo perfecto para, por lo menos una vez al mes antes de la pandemia, los equipos de mujeres del ETCR y de las comunidades aledañas se reunieran para disputar un emocionante encuentro. También, durante la pandemia se han realizado actividades virtuales para continuar el entrenamiento y las reflexiones sobre las violencias. Finalmente, en el evento de cierre del torneo se entregarán kits de autocuidado a las participantes que contienen, entre otros: elementos para el manejo de la higiene menstrual, elementos deportivos, tapabocas reutilizables confeccionados por mujeres excombatientes y un folleto con información útil para “Protegerse del virus de la violencia de género”.